Beit Jana - Ángeles del cielo en el 2018
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Ángeles del cielo en el 2018
 
 
 
 
 
 
El pasado viernes en San Pedro de Colalao, Pcia. de Tucumán.

Es el 10 de Shvat. 67 años después de que el Rebe de Lubavitch tomara la responsabilidad de despertar la identidad y orgullo judío post holocausto, y nos haga parte de esta gran misión.

Cuatro chicos de 15 años, alumnos de la Ieshiva de Jabad en Buenos Aires, que se encuentra ahora disfrutando de unos días de estudio y renovación de fuerzas en las sierras, deciden salir al pueblo en búsqueda de Iehudim para darles la oportunidad de cumplir una mitzvá, despertar su alma y reforzar ese lazo que nos une a todos como hijos de un mismo padre.
Nadie cree que encuentren hermanos en este pequeño y olvidado punto del mapa, pero ellos, inspirados por las enseñanzas del Rebe, saben que un judío siempre píensa en cómo ayudar a otro judío. Incluso en pleno enero, en las sierras tucumanas.
Preguntan en el almacen, en la pequeña verdulería. No, nadie sabe. Ellos no se dan por vencidos. Hasta que alguien en el Bar les dice que “si, hay una anciana en el pueblo, pero no se donde vive. Quizas el pochoclero sepa”. Ubican al pochoclero. “No, no se donde es exactamente su casa”. Buscan en la guía telefónica. Finalmente, después de muchas idas y vueltas, dan con la dirección.
Golpean la puerta. Les abre una anciana, su edad se acerca a los 90 años. Ellos creen que se equivocaron, en la pared ven objetos que parecen manifestar que la mujer pertenece a otra religión.
Pero la mujer los ve, y los ojos se le llenan de lágrimas. No lo puede creer.
Los hace pasar y les cuenta sobre su vida. Las dificultades, su hijo que falleció, su otro hijo que le detectaron cancer recientemente. Su salud que se deteriora.
Y la amiga que ya hace semanas trata de convencerla que se convierta al cristianismo. “Tendrás así toda una comunidad a tu lado”, argumenta, “No estarás más sola”.
Ella se siente confundida. Ya hace años que no ve otro judío ni practica su religión. Quizás su amiga esté en lo cierto. Quizás su esfuerzo por apegarse a una religión que desconoce ya no tiene sentido. Pero su alma, adentro, no se lo permite.
“Ayer”, les dice entre sollozos, “le dije a mi amiga que no. Que no iba a abandonar mi judaísmo, no iba a traicionar mi esencia. Y hoy” el llanto se hace más fuerte “ustedes aparecen en mi puerta, como ángeles enviados del cielo, para reforzar mi judaísmo! pongo las manos en el fuego, que nunca voy a abandonar a mi di-s y al di-s de mis padres”.
Ahora ya no está sola. Este último viernes, encendió por primera vez las velas de Shabat, y prometió hacerlo nuevamente todas las semanas.
La comunidad de Tucumán va a estar en contacto con ella, para nutrir su alma y cuerpo.
Una anciana sola en un pueblo, que no se olvidó de Di-s y Di-s no la olvidó a ella.
Y 4 muchachos que en su tiempo libre, no olvidaron su responsabilidad por el otro.
 
 

 
 
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